Hoy es sábado y aunque para mi ya no tiene el significado que tenía cuando trabajaba de forma intensa toda la semana, sigue siendo un día especial. El sábado abandono la cotidianeidad. Dedico mi tiempo a actividades más lúdicas que las de los dias, llamemos laborales para entendernos, aunque yo ya no laboro en el sentido vulgar de la palabra,ni en el culto. El sábado, por ejemplo, me levanto más tarde, desayuno en mi bar preferido un café con leche y una pasta , quiero decir un bollo para que nos entendamos, leyendo el periódico con la parsimonia de un antiguo rito. Esto de la parsimonia lo saco de un poema, creo de Gabriel y Galan, titulado el Piyayo, del que recomiendo su lectura. Mi lectura de la prensa procura ser heterogénea. Quiero decir de varias tendencias políticas y líneas de pensamiento. Es la única manera de intentar ser objetivo,
El resto de la mañana sabatina lo dedico a la natación , aunque cada vez me tenga que esforzar más para cruzar la piscina. Los años no pasan de balde, te cobran.
Después de una reparadora siesta, costumbre española cada vez más extendida, me dedico a leer algun libro, rara vez novela. Ahora mi vista se está utilizando en libros de religion, ensayo, historia. Lo siento, nadie es perfecto. Estoy leyendo: Historia de las Religiones Chinas y Madrid en la guerra civil.
Al atardecer o al anochecer, segun la estación, paseo por la Rambla de Cataluña hasta uno de los cines más conocidos de Barcelona, Cinema Aribau, Comedia, para ver alguna pelicula de estreno junto a mi esposa y algun amigo.
¿ Que porqué os cuento todo esto? Para que conozcais la rutinaria y formidable vida de un septagenario, estudiante, estudioso, amante de lo cotidiano, pseudo-intelectual. Además, ! que narices!, porque me aburria en esta tarde de sábado en la que no me ponen ningun partido en la televisión.
Y colorin , colorado, este cuento se ha acabado. ¿ Porqué digo cuento? Porque lo es.